Catar 2022: a un mes de la fiesta, las sombras que manchan el Mundial

Se suele decir, y ya suena a maravillosa frase de cajón, que cuando llega el Mundial de fútbol, todo el planeta se paraliza, que la atención orbital se concentra exclusivamente en lo que sucede en la sagrada hierba de los estadios. Pero esta vez, la frase no parece unánime, esta vez hay un creciente malestar que ronda la Copa del Mundo, a un mes de su ebullición (el 20 de noviembre). Y no es de ahora, desde la propia elección de Catar como tierra para la fiesta, hay voces disonantes que gritan con indignación que en este Mundial existe otro Mundial, un Mundial con sombras, en tinieblas, tétrico: un Mundial manchado.

Catar, el primer Mundial de mayores en el mundo árabe y desde ya el más caro de la historia, con una inversión cercana a los 220.000 millones de dólares, prepara su logística final, cuenta las horas y abre sus brazos para esperar el desembarco de la multitud que cada cuatro años atraviesa fronteras detrás de los colores de sus naciones. Pero esta vez hay mucho recelo, mucho malestar acumulado, muchos futboleros que se niegan a ir a un Mundial bajo escándalo.

A Catar se le han endilgado sonoras críticas que pasaron de la queja a la denuncia: se pasó de los reclamos iniciales sobre el terrible calor y el cambio del calendario, a temas mucho más crueles: violaciones de derechos humanos, explotación laboral, trabajos forzosos, muerte: una especie de neoesclavitud; y por si fuera poco, también hay otros asuntos en el tintero, como el factor cultural y las radicales leyes árabes que amenazan la integridad de la comunidad LGTBI. En fin, la pelota va a rodar solo el 20 de noviembre, pero ya viene dejando una huella de escándalo.

Estadio Al thumama de Doha

Foto: 

AFP


Desde el momento en el que la Fifa votó a Catar como sede del Mundial, por allá en 2010, empezó la controversia, hubo incluso señalamientos de presuntos sobornos, en medio del entramado de corrupción en la Fifa que se destapó en 2015. A las principales ligas no les entraba en la cabeza tal decisión, empezando porque se trataba de un país sin “tradición futbolera”, decían, y luego, atacaron el factor calendario, eso de pasar la fiesta de mitad de año para finales. En su momento, el exjefe de la Liga inglesa, Richard Scudamore, reclamó airado un cambio de sede. Y no fue el único. Pero como la votación estaba hecha, todo iba para adelante, y Catar empezó a preparar su festín, con la misión de dar una grata impresión al mundo, de demostrar que se trata de un territorio capaz de acoger la diversidad cultural de una cita tan multicultural como esta.

Manchas y sombras

Desde entonces, la pelota rueda en campo minado. Las obras de construcción o adecuación de los majestuosos ocho estadios, las modernas vías, los aeropuertos y toda la infraestructura necesario destapó un sistemático modelo de presunto maltrato laboral extremo, tal como quedó consignado en los alarmantes informes que han venido elaborando diferentes organizaciones de derecho humanos. Amnistía Internacional, por ejemplo, logró documentar desde 2016 el maltrato hacia los trabajadores emigrantes que fueron contratados para dichas obras.

El organismo citó, como un estilizado informe del horror, ocho suplicios: elevadas comisiones de contratación, terribles condiciones de vida de los obreros, mentiras sobre el salario, retrasos en los pagos, restricciones a la libertad (como no poder abandonar el estadio durante las obras), no poder salir del país (con denuncias de retención de pasaportes) y, por último, trabajos forzosos.

Pero lo más grave lo reportó la prensa británica: en 2021 ‘The Guardian’ detalló una cifra aproximada de 6.500 muertos inmigrantes provenientes de países como la India, Pakistán, Nepal, Sri Lanka y Bangladés, como consecuencia de accidentes laborales y pésimas condiciones en las obras, además de las inclementes condiciones climáticas. Para la Organización Internacional del trabajo (OIT), 50 trabajadores murieron y más de 500 resultaron gravemente heridos solo en 2021, y otros 37.600 sufrieron lesiones leves o moderadas.

La organización del torneo puso la cara y consideró exagerados los reportes, argumentando que esos registros de fallecidos incluyen a miles de extranjeros que murieron después de vivir y trabajar allí durante muchos años. Agregaron que las cifras oficiales son 37 trabajadores muertos entre 2014 y 2020 vinculados a la construcción de los estadios. Si así fuera, en todo caso es una cifra alarmante.

‘Como en una cárcel’

El gerente de la empresa me dijo: ‘si quieres quedarte en Catar, cierra la boca y sigue trabajando’ 

Mientras las selecciones luchaban por su boleto para no perderse la cita orbital, en Catar los obreros trabajaban de sol a sol, de 16 a 18 horas diarias, para cumplir con las obras. El descanso se convirtió en un anhelo más codiciado que el agua. “Mi vida es como estar en una cárcel”, dijo uno de ellos. “El gerente de la empresa me dijo: ‘si quieres quedarte en Catar, cierra la boca y sigue trabajando’ ”, agregó. Su nombre es Deepak, un obrero metalúrgico de las obras del estadio Jalifa, y que alzó la voz ante Amnistía Internacional. Es que la muerte y la crueldad tienen rostro de obrero.

Mundial de Catar. 

Foto: 

EFE

Mientras tanto, la organización Human Rights Watch (HRW) –organización no gubernamental dedicada a la investigación, defensa y promoción de los derechos humanos– urgió una y otra vez a la Fifa y a las autoridades de Catar a compensar a los trabajadores migrantes que sufrieron “daños graves, incluidas muertes, lesiones y robo de salarios” durante su participación en las obras.

Fueron tantas las críticas, y con tanto eco, que Catar optó por crear en 2018 un sistemas de compensación para los trabajadores afectados. Sin embargo, la ONG apuntó que eso solo sirvió para “mitigar estos problemas” y que además estos mecanismos “no cubren a todos los empleados” ni tienen en cuenta los afectados antes de 2018. También denunció que las autoridades cataríes no investigaron las causas de la muerte de “miles de trabajadores migrantes”.

El Gobierno catarí informó que el Fondo ha pagado desde el 2020 164 millones de dólares, en compensación a 36.373 trabajadores de 17 países, según indicó HRW citando al Ministerio del Trabajo de Catar. La Fifa también exigió reparación. “Es importante intentar ver que cualquiera que haya sufrido una herida debido a su participación en la Copa del Mundo sea de alguna manera compensado”, dijo Alasdair Bell, secretario general adjunto de la Fifa.

Temor LGBTI

Bandera LBBTI

Foto: 

Dibyangshu Sarkar / AFP

A un mes del Mundial, persiste el temor de la comunidad LGBTI que asistirá a la Copa del Mundo. La razón es clara: Catar es un país árabe con radicales posturas culturales y religiosas, y donde el tema sexual es tabú, con alto grado de intolerancia hacia los homosexuales. Catar es una de las 67 naciones que, según el informe ‘Homofobia de Estado de la Asociación Internacional de Lesbianas y Gays’, penan los actos entre personas del mismo sexo. En algunos países se castiga hasta con pena de muerte, en Catar no, al ser uno de los países musulmanes más moderados, pero sus leyes sí contemplan penas de cárcel no menores a cinco años y sanciones por relaciones entre personas del mismo sexo en público.

Catar ha hecho esfuerzos por difundir que su país será tolerante. Nasser Al-Khater, director del comité organizador del Mundial, aseguró en diciembre de 2021 que el Estado asiático será un “país tolerante” que dará la bienvenida a todas las personas que quieran asistir al evento deportivo, incluida la comunidad LGTBI. La alarma se ha generalizado tras diferentes informes de prensa que dan cuenta de las eventuales represalias que podrían tener las personas que manifiesten comportamientos homosexuales en Catar. Incluso, hubo un informe de la prensa británica en el que se comprobó que algunos hoteles avalados por Fifa estaban rechazando a personas por su orientación sexual o, como mínimo, les pedían que su vestimenta y comportamiento no fuera gay.

Desde la Fifa lanzaron un comunicado en el que “se asegurará que los hoteles mencionados vuelvan a ser conscientes de los estrictos requisitos en relación con la recepción de huéspedes de manera no discriminatoria”. Al-Khater garantizó que durante el Mundial harán una excepción y permitirán que los aficionados asistan a los partidos sin importar su inclinación sexual.

Quejas y más quejas

El sorprendente estadio desmontable que harán para el mundial de Catar 2022

Foto: 

AFP

Un mes nos separa de la fiesta, pero no todos los invitados piensan asistir. Las voces disonantes truenan y resuenan, como protesta a la designación de Catar como sede mundialista. Es el caso del excapitán de la selección alemana y campeón del Mundo en 2014, Phillip Lahm, quien fue radical con su protesta: “No formaré parte de la delegación alemana y tampoco estoy interesado en ir allí como aficionado”, dijo. Su argumento es contundente: “Los derechos humanos deberían desempeñar un papel importante en la adjudicación de torneos. Si un país que va mal en esa área obtiene el premio, entonces hay que pensar en qué criterios se basó la decisión”. No es el único.

Éric Cantona, el vehemente exfutbolista francés, fue directo: “Para ser honesto, no veré la próxima Copa del Mundo, porque no lo es para mí. No estoy en contra de que se celebre en lugares donde el fútbol se promocione, como ocurrió en Sudáfrica y en Estados Unidos, pero Catar no es un país de fútbol”, dijo en una entrevista con Sportmail. “Han muerto miles de personas construyendo los estadios. Y aun así vamos a celebrar la copa del Mundo allí. ¡Es horrible!”.

Y hay más. Dinamarca no es indiferente. En las camisetas de la selección no serán legibles ni el escudo ni la marca deportiva. La empresa fabricante, Hummel Sport, anunció que decidió no ser visible en un mundial “que les ha costado la vida a miles de personas”. De hecho, Dinamarca tendrá una camiseta negra, en luto por las víctimas.

Como cada cuatro años, el mundo se alista para una obligatoria pausa a su rutina, pero esta vez no será unánime. Muchos apagarán la TV o cerrarán los ojos ante el Mundial que tiene una huella de horror.

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