'Falta conciencia del mundo exterior': corresponsal real sobre libro de Harry

Este debe ser el libro más extraño jamás escrito por un miembro de la realeza.

Las memorias del príncipe Harry, Spare, son en parte una confesión, en parte una diatriba y en parte una carta de amor.

Por momentos se siente como el mensaje de texto más largo jamás enviado por un borracho enojado.

Desde una mirada interior, califica su vida como una “pecera surrealista” y un “interminable show de Truman”.

Es franco e íntimo, muestra la pura rareza de su vida, a menudo aislada. Y son los pequeños detalles los que dan una idea de lo poco que sabíamos realmente.

Hay atisbos de él como una persona que usa drogas frecuentemente, que se fuma un porro después de la cena y se preocupa de que el humo pase a la casa de su vecino, el duque de Kent.

¿Qué otro recuento de alguien de la realeza cubriría la pérdida de la virginidad detrás de un pub, o entraría en detalles tan prolongados sobre un pene congelado? De hecho, este apéndice recibe más líneas que muchos de sus parientes.

El príncipe dice, además, que era muy consciente de las chicas con “síndrome del trono”, aquellas que “visiblemente se colocan una corona en el momento en que me estrechan la mano”.

También cuenta la historia de cuando está en el Palacio de Buckingham durante el concierto del Jubileo de Oro y escucha a Brian May tocar, y se da cuenta de que su abuela, la reina Isabel, usa tapones para los oídos.

Su vida previa a conocer a Meghan Markle, cuando residía en Londres, estaba lleno de lujos, pero en medio de eso el príncipe se siente como si estuviera escondido por su propia vida.

Harry sufría ataques de pánico espantosos, terribles para cualquiera, pero debilitantes para alguien que como él debía hablar y aparecer en público.

Describe su vida en casa como solitaria, automedicándose con drogas psicodélicas, secando su ropa en un radiador y planificando salidas de compras como incursiones militares: disfrazado y a toda velocidad.

Habla de una forma de vivir profundamente extraña, moviéndose repentinamente entre momentos con falta de glamour y otros compartidos con socialités internacionales.

La muerte de su madre

El libro, hecho por escritores “fantasmas”, es un relato vertiginoso y rápido que mira desde adentro, siempre consciente de los guardaespaldas afuera de la puerta y de las cámaras que esperan para atraparlo.

En el mismo centro de esta historia, que impregna casi todas las páginas, se encuentra el enorme trauma que parece haber distorsionado el resto de su vida: la muerte de su madre, la princesa Diana.

La adoraba sin reservas y una abrumadora sensación de dolor no resuelto está en el centro de todas sus otras ansiedades.

Realmente odia a la prensa, culpándolos por perseguir a su madre de manera tan implacable, incluso en la noche que llevó a su muerte en París.

Las peleas con su hermano, el príncipe Guillermo, suelen estar enmarcadas por referencias a la cercanía que habían tenido previamente con su madre.

Su ansiedad paralizante y su autodestrucción también parecen ser consecuencias de la pérdida de su madre, que le quitó un ancla emocional que, hasta conocer a Meghan, nunca pudo reemplazar.

El mundo exterior

También hay algo de una obsesión por la muerte. Al entrar en la Abadía de Westminster para la boda de su hermano, piensa alegremente en las 3.000 personas enterradas en la iglesia a lo largo de los siglos.

Lo que falta en el libro es un sentido de conciencia del mundo exterior. Es como si hubiera sido cegado por las linternas de los paparazzi. Nadie se preocupa por pagar las facturas de gas en este libro. Va y viene de África como si hiciera algunas paradas en una línea cualquiera del metro de Londres.

Aunque eso hubiera sido más exótico para él porque dice que la única vez que se subió a un metro fue en un viaje escolar.

Si bien es muy indiscreto sobre el interior de la vida real (sí, describe a su padre haciendo ejercicios de fisioterapia en calzoncillos), permanece extrañamente silencioso sobre cualquier punto de vista sobre el mundo exterior, a pesar de que ya no es un miembro de la realeza.

Hay algunos atisbos. Harry habla sobre el príncipe William haciendo lo que él llama un “discurso vagamente anti-Brexit” que parece molestar a los tabloides.

El Rey

Entonces, ¿quién estará más molesto por todas estas revelaciones en su libro?

Netflix principalmente. Pagaron el rescate de un príncipe por seis horas de palabrería en televisión y el contenido petulante de un feed de Instagram, mientras que el libro crepita como un tronco en llamas en casi todas las páginas.

Mucho del libro también irritará a la gente, particularmente su ensimismamiento.

Las filtraciones del libro se han centrado en los conflictos familiares y el resentimiento de Harry por la falta de apoyo para él y Meghan.

Pero en su conjunto, más allá de los extractos, surge una imagen mucho más cálida de su padre, el rey Carlos, incluso cuando parece que el narrador le está haciendo pasar un mal rato.

Se ve a Carlos andando en pantuflas, escuchando sus audiolibros, obsesionado con Shakespeare, usando un perfume de Dior y quedándose dormido en su escritorio.

Su padre trata de brindar apoyo emocional a Harry después de la muerte de Diana, sentándose con él hasta que se queda dormido por la noche, pero parece que sus buenas intenciones tuvieron que sortear algunas barreras difíciles.

Carlos le deja notas tratando de decir cosas agradables, pero Harry pregunta por qué no puede decirlas en persona. Va a ver a Harry en una obra de teatro escolar y se ríe a carcajadas y luego su hijo lo critica por reírse en los lugares equivocados.

Y cuando los hermanos adultos se pelean, Carlos comienza a sonar como una especie de figura de Shakespeare, el Rey Lear, rogando a sus hijos que no hagan de su vejez una miseria.

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