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La historia de cómo una colombiana se convirtió en vicepresidenta de Coca-Cola.

Llegar a ser la vicepresidenta de Coca-Cola global puede ser considerado para muchos como un éxito rotundo para cualquier persona, incluso un sueño para muchos. Ángela Zuluaga ha hecho realidad esta ilusión. Aun así,  pese a la gloria, hay algo que la ha acompañado desde que era muy niña: el no estar segura de lo que podría llegar a ser.

En un día de rutina y mientras trabajaba para una empresa farmacéutica, una llamada inesperada cambió el rumbo de su vida. Sin pensarlo dos veces y con el corazón a mil, decidió aceptar una única oportunidad y dar lo mejor de sí.

Esta mujer con raíces cafeteras nacida en Quimbaya, Quindío, comenzó dando pasos pequeños. Estudió en un colegio público; pero no se dedicó solamente a cumplir al pie de la letra sus labores y deberes, sino que desde muy niña mostró interés por el liderazgo y destacó en su comunidad.

Sintiendo una fuerte atracción por las labores sociales y sentido de pertenencia por el lugar que la vio crecer, esta pequeña quindiana comenzó a destacar dentro de los adultos de su municipio y se convirtió en una líder para los más pequeños.

“Ahí como que uno arranca como en esa parte de desenvolverse como en ambientes un poquito más grandes”, señala Ángela.

No obstante, para apreciar la luz hay que atravesar por la oscuridad. A la corta edad de siete años, pensó que su vida se desmoronaba, pues el secuestro de su padre rompió con los lazos que había creado y tuvo que trasladarse junto con su familia a los Estados Unidos.

Siendo la única de sus familiares que hablaba inglés, los ayudó a comunicarse con las personas del extranjero. Tuvo que defenderse y apoyar a aquellos que quería con el idioma, volverse grande dentro de los pequeños y “madurar biche”, como dicen en la cultura popular.

Este proceso le ayudó a tener metas claras para el momento en el que regresó a Colombia a sus 17 años. Fue entonces, cuando decidida a llegar alto, tras su llegada optó por estudiar Negocios Internacionales en la universidad Eafit, luego de cursar varios semestres y con el sueño de seguir aprendiendo regresó a los Estados Unidos y realizó un énfasis en finanzas.

Paso a paso, Ángela fue convirtiendo sus sueños en una realidad, no obstante, algo en su interior la comenzaba a incomodar: el no cumplir con los parámetros establecidos la invadían constantemente.

Luego de graduarse, Ángela llevó una vida totalmente normal, comenzó a trabajar en una firma de consultoría en comunicaciones y, después, en la industria farmacéutica, puntualmente en los Laboratorios Baxter.

Mientras realizaba sus labores, el celular de Ángela comenzó a sonar de un número desconocido. Luego de contestar, la noticia la tomó por sorpresa, pues lejos de una llamada de un call center, se trataba de un mensaje que cambiaría su vida: la estaban contactando de Coca-Cola para manejar el los asuntos de gobierno y sostenibilidad para una región que podía supervisarse desde Colombia, pero que incluía 31 países.

Al inicio pensó que se trataba de una broma, pero luego, la persona del otro lado de la línea le explicó que estaban siguiendo su perfil desde hacía un tiempo y que si estaba interesada en la vacante.

Sin pensarlo dos veces, envió su hoja de vida y luego de un gran proceso el puesto fue suyo. Acompañada de nervios y de grandes expectativas menciona que Coca-Cola era “una empresa admirada, que todo el mundo conoce y que genera como ese efecto aspiracional”.

Una de las mayores dificultades que ha tenido Ángela Zuluaga a lo largo de su vida es la validación de otras personas, pues, en su momento, no se sentía tan segura de lo que estaba por lograr y se llenaba de tristeza cada vez que no podía avanzar de la manera que quería.

Sin embargo, asegura que este periodo de introspección y de sentirse insuficiente para su cargo le ayudó a crecer y a madurar, desde entonces comenzó a validar sus emociones, sentía sus éxitos como suyos, pero no abandonaba la idea de que un día se equivocaría.

“Yo me he equivocado, me frustraba, yo decía: ‘No, entonces no soy igual de buena a otras”, recuerda.

Desde el 2013 la quindiana ha enfrentado varios retos en la multinacional, pues ha tenido que adaptarse a los cambios de rol cinco veces.

En el proceso ha encontrado varios mentores que le han enseñado y la han impulsado a mejorar.

Aunque la pandemia fue dura, para Zuluaga fue una oportunidad de crecimiento y comenzó a manejar los negocios  de Coca-Cola de una manera inesperada.

A medida que avanzaba, Ángela comenzó a tener más responsabilidades, entre ellas dirigir su propio equipo: “Uno no crece solo, crece porque hay gente alrededor que te ha tendido la mano, te ha ayudado y porque has tenido la fortuna, digo yo, de ayudar a crecer a tu equipo para que también te ayuden a brillar”.

Pero estas transformaciones laborales también le han generado grandes obstáculos, que, con mucha paciencia, ha logrado superar. Se ha equivocado y a veces sentía que no era buena en lo que hacía.

Pero cada vez que se caía, se volvía a levantar con más fuerza y como dice la frase popular “de los errores se aprende” y crecer hizo que aprendiera cosas nuevas. Y en su proceso también la hicieron sentir pequeña, pues muchos creían que por su edad no estaba capacitada para ejercer su rol.

Dejando aparte los comentarios y creyendo en sus valores, encontró un apoyo en su jefe, quien creyó en su talento, la madurez que representaba y sus conocimientos.

De la misma manera en la que los jefes de Ángela creyeron en ella, ahora, liderando un gran grupo de personas intenta empoderar a sus empleados, hacerlos crecer profesional y personalmente,”pero también apoyarlos cuando se equivocan”.

Su ascenso se conoció el 31 de diciembre de 2023, con un nuevo año llegaron nuevos retos y nuevas oportunidades en su vida. 

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