Vie. Jun 21st, 2024

La delirante historia de Jim Morrison en el teatro San Fernando de Cali

En la mítica sala de cine -ahora convertida en una iglesia cristiana- del Teatro San Fernando de Cali vi la película The Doors en los años 90. La sala estaba atiborrada de roqueros de barba canosa, metaleros adolescentes y unos cuantos incautos que posiblemente se dejaron seducir por una foto en blanco y de negro de Jim Morrison en la vitrina.

La experiencia fue hipnótica, extraña y divertida pues la audiencia pensaba que estaba en un concierto y recuerdo muy bien haberme asombrado al ver a Val Kilmer transformarse en ‘el rey lagarto’, fue como si el espíritu errante del líder de la banda de rock de éxitos como Light My Fire o L.A. Woman y quien murió en el barrio Le Marais de París se le hubiera metido al actor. “Después de esto no hay nada más”, pensé, antes de salir corriendo tras la aparición de los créditos finales a buscar toda la música de The Doors.

La película, dirigida por Oliver Stone, se convirtió en un clásico infaltable de todos los listados de ese subgénero cinematográfico que muchos conocen como el biopic musical y a mí, que a duras penas había visto antes la horrorosa película de Kiss contra los fantasmas en una copia de VHS, me abrió un campo de posibilidades alrededor de cómo el cine podía contar la vida de bandas de rock y especialmente la torturada y excesiva vida de sus estrellas.

El listado apenas estaba comenzando. Exageradas, crudas, violentas, blandas, psicodélicas, decepcionantes y hasta insólitas estas películas están más vivas que nunca y siempre han buscado (en menor y mayor medida) impulsar sentimientos de nostalgia o incitar al consumo de la música que comparten en la gran pantalla o el streaming, como le pasó a Bohemian Rhapsody, que a pocos días de su estreno en el 2018 hizo que el catálogo de la banda Queen aumentara un 156 por ciento en Spotify, al igual que la canción homónima que inspiró el filme alrededor de la banda británica y su carismático cantante Freddie Mercury.

Los que no crecieron con esa canción de 1977, o con la música del grupo, de un momento a otro comenzaron a cantar sus éxitos y a bromear con el famoso grito de Mercury en el concierto Live Aid: ¡Eooooo!

Los ya viejos roqueros tuvieron un bálsamo de energía nueva para su historia. Aun rondan los rumores de una segunda parte y el vinilo de la banda sonora del filme se sigue consumiendo por una generación que ya no corre a grabar un casete con los temas, sino que los baja en el celular.

Ese es el ejemplo más básico de un fenómeno que no para y que ha logrado asentarse en el Olimpo donde viven otros clásicos del cine. Y dentro de los clásicos hay que mencionar la brutal The Bird, en la que Clint Eatswood se encargó de dirigir el autodestructivo y talentoso viaje musical de Charlie Parker, la megaestrella del jazz de los 40 y que triunfó y cayó en Nueva York. Es posible que no hayan aumentado las ventas de saxofones, pero lo que si regaló esta cinta de 1988 fue una mirada más humana, realista y menos contaminada del simple homenaje, como le pasó al filme A Song To Remember, que se considera la primera película que se inspiró en la biografía de un personaje musical. Se estrenó en 1945 y exploraba la carrera del pianista polaco Frederic Chopin y se tomó muchas libertades, pero despertó el interés en el trabajo del compositor.

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Hoy en día no puede haber un biopic musical que no ahonde en el infierno que desatan la fama y adoración. Todas intentan contar algo más que un recorrido por grandes hits y no es mentira que cuando uno va a ver una película de este estilo espera un poco de veneno, chisme o cruda decadencia. Funciona con casi todas, así tengan algunas licencias artísticas en su retrato: como pasó con I’m Not There, que no solo quería contar la vida de Bob Dylan, sino que se atrevió a armar un rompecabez

Película I'm Not There

Cate Blanchett es Bob Dylan y David Cross interpreta a Alln Ginsberg.

Foto: 

Archivo EL TIEMPO

En Walk the Line, por otra parte, se narra la vida de un rudo Jhonn Cash, un cantante de country que revolucionó con sus letras y con una vida siempre al borde del abismo. Aunque mucha gente lo conoció por su hermosa y devastadora versión de Hurt, de Nine Inch Nails, su carrera, sus más de 90 millones de discos y un alma autodestructiva que lo llevó a la cárcel, usar drogas y hacer historia en Estados Unidos.

Un arco tan poderoso y llena de claroscuros que significaba un reto enorme para quien se decidiera a llevar su vida a la pantalla. El director James Mangold lo hizo, pero se centró en la historia de amor llena de tormentas de Cash por la también cantante Juno Carter.

River Phoenix y Reese Witherspoon en Walk the Line

En Control se contó la vida de Ian Curtis, el cantante de la banda postpunk Joy Division, pero la narrativa, en lugar de centrarse en una historia de amor, usó la tensa musicalidad de la banda británica exponer la fracasada vida familiar de un ídolo que no supo lidiar con ser padre, esposo y estrella de rock underground.

Esta cinta dirigida por Anton Corbijn hablaba del agotamiento y bajaba dos escalones al ser humano del pedestal que lo hizo estrella. Rocketman, el filme sobre Elton John, también logró algo de brillo, al conseguir una eficiente fusión de drama y musical puro alrededor de la vida de Elton. En realidad esta cinta mereció más cariño y respuesta del público.

Película Rocketman, que revela episodios de la vida de Elton John.

Foto: 

Universal Pictures

El romance punk de Sid and Nancy se ubica en otra liga con la presencia jovencísimo Gary Oldman en el papel del bajista de Sex Pistols, el incontrolable Sid Vicious, que presuntamente asesinó a su esposa y llegó a soñar que se convertía en un Frank Sinatra de la calle y que en un concierto llegó a dispararle a sus fanáticos. What’s Love Got to do It, por su lado, tiene a una Angela Bassett comprometida con contar la vida de la cantante Tina Turner en una lucha con la fama y los golpes de la vida y una redención impresionante. El resultado en el público fue impactante: su exesposo Ike Turner, el hombre que la ‘descubrió’, se convirtió en un objeto de odio y la artista, que falleció el 24 de mayo del año pasado en Suiza a los 83 años, se fue con un buen monumento cinematográfico.

El actor estadounidense Austin Butler hizo un gran papel de Elvis Presley.

Foto: 

HBO Max

Otro giro dio Elvis, la más reciente de muchas, acerca de la vida del Rey del Rock and Roll, que contó con Austin Butler como protagonista y con un Tom Hanks caricaturizado en el papel del Coronel Tom Parker, su mánager, mentor y el hombre que lo explotó y estafó hasta su muerte. Este acercamiento al ídolo -con más forma que fondo- fue un éxito rotundo.

Aquí toca hacer un paréntesis y recordar que Bohemian Rhapsody se convirtió en la producción biográfica más taquillera de la historia pues recaudó 910 millones de dólares en todo el mundo y Elvis fue la segunda con una ganancias de 287 millones. Tampoco se puede dejar a un lado Straight Outta Compton, que narraba la vida de la polémica banda de rap N.W.A, que recaudó 201 millones de dólares.

Quizá por eso –por el dinero– los productores en Hollywood siguen escarbando en las vidas y miserias y cantantes de bandas para soñar con esas cifras. Pero no siempre hay suerte. Great Balls of Fire se estrenó con bombos y platillos y pretendía rendirle un homenaje al pendenciero Jerry Lee Lewis, famoso por hacer hits, quemar pianos en el escenario y tener una vida caótica. Dennis Quaid se esforzó por darle varias dimensiones a este personaje, pero no le alcanzó.

Como tampoco fue una buena experiencia probar en este tipo de cine para la artista visual Floria Sigismondi, que tras dirigir el clásico Beautiful People de Marilyn Monroe se aventuró con The Runaways, sobre la banda de rock femenina de los 70 de la que salió Joan Jett y Lita Ford. Una cinta con buenas intenciones que no despegó y terminó siendo una bella oda al aburrimiento.

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Hasta la compañía de tecnología de streaming Roku se subió en el tren y produjo Weird: The Al Yancovich Story, el artista que se hizo famoso en los 80 por parodiar videos de Madonna y Michael Jackson. En este demencial relato, el protagonista toca Polka, se vuelve novio de la reina del pop y se enfrenta a tiros con un Pablo Escobar caricaturesco en una selva colombiana. Lo mejor de esta apuesta es que es una biografía musical que se burla sin piedad de ese tipo de cine y estuvo a punto de ganar un Emmy, en la categoría de mejor actor con Daniel Radcliffe.

Hablando de Madonna y Michael Jackson, la estrella de Like a Virgin intentó que se desarrollara una película de su vida que ella misma a dirigir. Sin embargo, los estudios Universal cancelaron el proyecto que hasta tenía a la protagonista elegida: Julia Garner. “Algún día la haré”, respondió Madonna a principios del 2023 al conocer la noticia.

La película del Rey del Pop saldrá en 2025.

Foto: 

Archivo particular

La que no tiene marcha atrás (por lo menos por ahora) es Michael, la película sobre Michael Jackson dirigida por Antoine Fuqua y que llegará a los cines en Estados Unidos en abril de 2025.

Jaafar Jackson, sobrino del rey del pop, cantante e hijo de Jermaine Jackson tendrá la responsabilidad de meterse en la piel del ‘Rey del Pop’. La producción empieza el 22 de enero y será producida por Graham King, el mismo ‘buscador de oportunidades’ que apostó a Bohemian Rhapsody. Por lo menos Jaafar tiene un vínculo genético con la música, pero no será nada fácil esta aventura. Más sencillo podría ser para la famosa Selena Gómez que retomará sus raíces mexicanas en un filme inspirado en la vida de la cantante Linda Ronstadt. La propia Gómez reveló recientemente que estaría basada en la autobiografía de la artista Simple Dreams.
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Este asunto es tan adictivo, que harán una cinta de Billy Joel que se llamará Piano Man, sin el apoyo del cantante (como pasó con Stardust, inspirada en David Bowie pero que no tuvo los derechos para usar la música del cantante).

Otro que sigue en conversaciones con Prime Video es Eddie Murphy que, al regresar con un Detective suelto en Beverly Hills 4, se imagina en la piel del rey absoluto del funk y gran influencia de lo que hoy es el rap: George Clinton. Se están ajustando detalles del enfoque que tendría el proyecto y, quizá los más importante para Clinton, lo que le van a pagar por los derechos de la historia de su vida y el permiso para usar su música. Sin Give Up the Funk (Tear the Roof Of the Sucker) o Flash Light de Parliament / Funkadelic (su banda) no se podría pensar en una película de este monstruo del ritmo.

Habrá una película de Sammy Davis Jr. Y hasta de Sublime, la banda de ska y punk de California que, con canciones como Santería y What I Got, revolucionaron el ambiente en la década de los 90 y a pesar de la muerte de su cantante Bradley Nowell en 1996, el grupo se mantuvo activo. En realidad el biopic musical se amplifica con sus altas y bajas.

La ficción siempre da la oportunidad de imaginar las otras vidas de esos famosos, sus miedos y hasta la decadencia que también hace de su leyenda. Por ahora solo queda desempolvar la canción Riders on the Storm de The Doors e imaginar a Val Kilmer, perdón, a Jim Morrison caminando por el desierto para encontrarse con un viejo espíritu indio, tras una vida de juerga, drogas y rock y su brillo inmortal en un cine de barrio caleño.

 
 
 

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