La magia cartagenera que encanta a los cruceristas

Cartagena es mágica, es el adjetivo común denominador de muchos de sus visitantes hasta antes de la canción de Carlos Vives, “La fantástica”, que sería el apelativo por excelencia de una ciudad que discurre entre la realidad y la fantasía, y entre toda suerte de dicotomías dada su particular belleza, su historia y misticismo, contrastadas con realidades propias de ciudades latinoamericanas.

Visitar el Caribe es definitivamente una decisión de sol, mar, colores y alegría. Los cruceros que lo recorren están llenos de turistas con ansías de todo lo anterior y el deseo de sorprenderse con las particularidades que tiene cada destino al que arriban.

La llegada a Cartagena, es entonces, experimentar una ciudad llena de contrastes y de gente que con su alegría disuade a querer volver. Sí, volver, como lo hacen las olas y estos cruceros que debieron congelar sus actividades por pandemia y que hoy han regresado con la misma ilusión de encantar a sus pasajeros para que repitan la experiencia y descubran “La Fantástica”. En la temporada 2022, fueron 192 arribos, con más de 530 mil visitantes para un impacto económico superior a 56 millones de dólares gastados en diversos productos y servicios que incluyen transporte, guías, compras de alimentos, bebidas, souvenirs, entre otros.

“Cartagena, por su ubicación geográfica queda al paso de los itinerarios, pero también es un destino que depara sorpresas para los turistas, la terminal de cruceros, nada más, ofrece un ecoparque para recrearse con cientos de animales representativos de la fauna colombiana”, indican voceros del Grupo Puerto de Cartagena.

Y es así, el crucerista empieza su aventura al llegar a la bahía de Cartagena, aquella de aguas tranquilas que impresionó a Rodrigo de Bastidas, 30 años antes de que Pedro de Heredia la “descubriera”. Bastidas, según registra en sus memorias la confundió con un golfo por ser una bahía cerrada y muy compacta, hoy la crucerista avizora desde ella, las garitas y toda la fortaleza española construida para defenderse de los ataques piratas.

Cartagena parece una pintura a la que le estallan las olas. El viajero sabe que tiene que recorrerla y lo hace inmediatamente el crucero toca muelle y abre sus puertas, es poco el tiempo que tiene y mucho por recorrer. Aunque la temporada 2022-2023 trae, por fortuna para los cartageneros, 12 barcos que pernoctarán en la ciudad, la mayor permanencia que da el hecho de que un barco pernocte se traduce en un incremento de las posibilidades de que los pasajeros conozcan mucho más y mejor la ciudad, al tiempo de que los operadores turísticos, transportistas y el comercio en general se beneficien de ello.

Luego de divisar la ciudad a lo lejos, en el ingreso a la bahía, llegan a la terminal, la cual es ‘sui generis’, árboles frondosos, con cientos de años de vida, le abren paso al turista, en un espacio donde libres revolotean guacamayas de mil colores, cacatúas y otras especies de aves que viven como en el paraíso, y se alimentan como en un gran resort cinco estrellas.

Solo allí, la magia los impregna, los turistas interactúan con pavos reales y flamencos rosados que se paran en una pata y parecen sonreír para la foto. El tiempo corre, y el Castillo San Felipe los espera. Una fortaleza impresionante, la más grande construida en una colonia española.

Recorren luego Las Bóvedas, su arquitectura cóncava, su punto de fuga extensivo, sigue explorando las posibilidades de pintarla. El Centro Histórico los hace viajar en el tiempo, en un tiempo interestelar, en donde el pasado y el presente están dialogando animadamente, es como una trampa, la cual hace precisar, más que mágica, la ciudad, en efecto, es fantástica.

Se interesan por las esmeraldas que solo este país sabe dar, de un verde y una pureza envidiables. Caminan entre un calor sofocante y palenqueras con frutas frescas y cortadas, listas para deglutir con sed y con sol

Agua les ofrecen a su paso, gafas de sol, sombreros y sombrillas, los vendedores “adivinando” su necesidad y ellos pensando que lo mágico también puede ser un hechizo.

El reloj indica que hay que agilizar el paso, la estancia del crucero es de unas cinco horas en promedio. Ya han descubierto que a Cartagena hay que tomársela a sorbos, como dicen en la calle: “con su avena y su pitillo”, definitivamente saben que tienen que volver, mientras se toman un descanso en las bancas del parque Bolívar.

El comercio, por su parte, está de fiesta. Hay compradores, hay oportunidades. La presente temporada además trae días extremadamente movidos, como el que será el 23 de marzo, cuando arriben simultáneamente cinco cruceros, ello habla bien de la terminal, que tiene capacidad para atenderlos y de las posibilidades que esta industria le da a un amplio espectro de la sociedad. El turismo mueve la economía, las recaladas múltiples la dinamizan muchísimo más, las oportunidades se multiplican, y en esta temporada, hay 41 recaladas de este tipo, es decir, días en que arriban más de un barco simultáneamente.

Visiblemente, la temporada actual refleja un crecimiento importante, poco a poco los turistas han vuelto a sentir seguridad y confianza para viajar, devolviéndole el impacto positivo a la economía local y permitiendo a los turistas encantarse con Cartagena La Fantástica. ¡Dios la bendiga!

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