Mié. Abr 10th, 2024

Ola de violencia en Ecuador dispara las ventas de carros blindados y chalecos antibalas

Una fábrica de Quito no da abasto para atender a las decenas de carros que esperan su turno para ser transformados en acorazados de vidrios oscuros. Sus dueños pagaron fortunas para blindarlos ante la violencia del narcotráfico que crece a la par de la industria de seguridad en Ecuador.

En su mayoría, camionetas de alta gama llegan al taller, donde los trabajadores las desbaratan y refuerzan hasta el último rincón con materiales especializados para resistir balazos.

 

A mano y con máquinas, cubren cualquier orificio por el que se pueda colar alguna bala y acabar con la vida del conductor o sus pasajeros, como sucede con cada vez mayor frecuencia en Ecuador.

La demanda por servicios de seguridad en este país de 18,3 millones de habitantes ha crecido estos últimos meses por cuenta de la narcoviolencia en la nación, que tuvo su punto más grave la semana pasada tras el asesinato del candidato Fernando Villavicencio.

(Lea también: Ecuador: ‘Mientras el Estado ha estado perdido, criminalidad ha estado bien organizada’)

Quienes más acuden a estas opciones para blindarse son los políticos de todas las corrientes espantados por las amenazas y los atentados, además de los empresarios que temen ser secuestrados con fines extorsivos y los medios de comunicación.

Se trata de una repuesta “natural ante la percepción” de desprotección de los ecuatorianos, pues la encuestadora Gallup reveló a inicios de este año que
Ecuador fue el país con mayor sensación de inseguridad en América Latina (62 por ciento de los encuestados) en 2022.

El año pasado, además, el país marcó el récord de 26 homicidios por cada 100.000 habitantes. México registró 25, Colombia 24 y Brasil 23, según cifras oficiales. Y analistas estiman que este año la tasa en Ecuador trepará hasta un 40.

Ecuador

Militares ecuatorianos revisan vehículos en busca de armas en medio del estado de excepción decretado.

Foto: 

EFE

Dado “el nivel de inseguridad que vivimos ahora (…) la gente está buscando esta alternativa”, dijo a la agencia AFP Nicolás Reyes, un fabricante de carros blindados.

Desde hace poco más de un año, Reyes inauguró su planta de producción en la capital, nuevo foco del terror que impone el narcotráfico tras años en los que la violencia golpeaba sobre todo al puerto de Guayaquil (suroeste) en el Pacífico.

De hecho, este jueves se presentó una balacera por donde se desplazaba el candidato presidencial de la alianza ADN, Daniel Noboa, en las Guayas. Sin embargo, el político salió ileso, pero el episodio da cuenta del detrimento de la seguridad en el país.

“Al menos en nuestra ciudad, aquí en Quito, este último año se ha duplicado o triplicado” la venta de blindados, dice el también empresario Fernando Sánchez.

Nos ha comprado mucha gente, médicos, profesores, nos han comprado también en el sector camaronero

Los blindajes más económicos para automóviles rondan los 20.000 dólares, en un país con un salario mínimo de 450 dólares. Por su parte, el experto en seguridad Christopher Eggeling cada día vende más cascos y chalecos antibalas desde 280 dólares.

“Nos ha comprado mucha gente, médicos, profesores, nos han comprado también en el sector camaronero, lo que son transportadores, inclusive transporte pesado”, dice.

El boom coincide con el brote de violencia que asedia a la capital en la antesala de las elecciones de este domingo, y que el 9 de agosto dejó su primer magnicidio.

Fernando Villavicencio

El candidato presidencial salía de un mitin electoral en un colegio de Quito.

Foto: 

Twitter de @EmergenciasEc

Un sicario colombiano mató a tiros al candidato presidencial Fernando Villavicencio cuando se acababa de subir a su camioneta sin blindaje.

Al día siguiente del magnicidio, las llamadas de clientes llovían pidiendo cotizaciones, cuenta Sánchez. El ritmo frenético de fabricación lo ha llevado a ampliar las instalaciones de su empresa por falta de espacio. Reyes coincide: El atentado contra Villavicencio “sin duda fue (…) la gota que derramó el vaso”.

Sin que existan cifras oficiales, para Carla Álvarez, experta en temas de seguridad, “hay un boom” de esa industria.

Otros candidatos presidenciales se protegen con chalecos antibalas así como reporteros que cubren la campaña.

El aspirante Noboa asistió el domingo al único debate oficial usando este tipo de traje blindado. Incluso, el candidato indígena Yaku Pérez cerró ayer su campaña durante un acto desde lo alto del Panecillo, la colina más icónica del centro histórico de Quito, portando un chaleco antibalas.

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