BEATRIZ GONZÁLEZ: LA MAESTRA DEL ARTE COLOMBIANO CUMPLE 90 AÑOS.

Un hombre y una mujer, tomados de la mano, sostienen un ramo de flores. Miran de frente. Esta imagen, encontrada por azar en una foto de periódico, se convirtió en las manos de Beatriz González en su cuadro más emblemático: Los suicidas del Sisga.

Era la mitad de los años sesenta y a partir de ese momento la artista, nacida en Bucaramanga en 1938, dejó en claro el camino que iba a tomar su obra: “mirar al otro a través de la mirada de otros”, como ella misma lo explica. La obra completa de Beatriz González es un recorrido crítico y agudo por la historia del paísA veces con una sonrisa, a veces con dolor.

Desde el comienzo, su propio carácter rebelde la hizo tomar rumbos diferentes: en lugar de usar lienzos finos y tradicionales, Beatriz González decidió usar metal, muebles, llantas, cortinas de baño, vasijas de barro. Sus personajes han sido los protagonistas de la vida política, la movida social, el mundo religiosa del país, radiografiados con ironía a través de su ojo punzante.

El presidente Julio César Turbay, tal vez, fue quien más estuvo en su mira durante los primeros años. A partir de la década de los ochenta –específicamente tras la toma del Palacio de Justicia– su obra se centró en el dolor. En las víctimas. Cadáveres rescatados en los ríos, mujeres masacradas por balas que venían de cualquier parte. La muerte. A partir de ahí el color de su pintura también cambió. Una de las obras simbólicas de esta etapa son sus Auras anónimas, los casi diez mil columbarios del Cementerio Central que recuerdan los tantos muertos anónimos de este país.

Desde su primera exposición en 1964, en el Museo de Arte Moderno de Bogotá, su obra ha sido exhibida sin cesar. No solo en salas del país, sino del mundo. Historiadora de arte, investigadora, maestra. El artista Luis Caballero la describió así: “Beatriz es la única gran pintora colombiana. La única que ha sido capaz de pintar colombiano”. El pintor Juan Antonio Roda dijo alguna vez: “Beatriz es la mejor pintora colombiana. La mejor de las mujeres y mejor que muchos hombres”.

Consentida de Marta Traba, alumna juiciosa de Roda, fundadora y muy cercana del Museo de Arte Moderno hasta cuando se peleó sin remedio con su directora, González ha caminado siempre sin medias tintas. Cuando la llamamos para proponerle esta entrevista, lo primero que dijo fue: “No”. Y agregó que lo hacía porque no le gusta mucho esta revista (esta, BOCAS, a la que al final le dijo que sí).

Ella, y su obra, es sinceridad de primera mano, sin medir efectos. Cargada de su humor ácido y su seriedad que es más timidez, la maestra me recibió en su estudio, este lugar lleno de arte en el que entra la luz ideal para hacer lo que ella ha hecho todos los días durante décadas: pintar.

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